Sobre el emprendimiento tecnológico como alternativa al desarrollo social

Publicado: 2025-01-08  ·  Actualizado: 2026-05-16

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Vivimos y crecimos, sobre todo los latinoamericanos, en contextos donde prima la desigualdad social.
La falta de acceso a empleo se ha vuelto la norma y, por ende, las condiciones de vida en muchas zonas de nuestra región se ven profundamente afectadas.
Esto, junto con el hecho de que en varias partes de nuestra región el conflicto armado —ya sea con guerrillas, grupos paramilitares, narcotraficantes o pandillas (o todos al tiempo)— es la cotidianidad para muchos.

La desigualdad social, la pobreza, el narcotráfico y el conflicto interno son problemáticas que acarreamos desde hace muchas decadas como región, y aunque en las últimas décadas ha habido avances específicos contra el narco y el conflicto armado, aun así seguimos siendo una de las regiones con mayor corrupción, desigualdad social y pobreza del mundo.

Uno de los argumentos que se da, en desconocimiento de la realidad, es la falta de acceso a la educación o la educación de baja calidad. Para esto me remito a lo que dijo Héctor Abad Gomez, calcado en las memorias escritas por su hijo en el libro El olvido que seremos:

“Pobres muchachos —decía—, ni siquiera tienen para el almuerzo; y con hambre es imposible estudiar.”

El hambre desplaza cualquier otra cosa a segundo plano, así que hasta que no solucionemos el hambre, va a ser difícil abordar el resto de problemas. -Cabe aclarar que aun así, la inversión en educación es determinante e imprescindible-


Por eso, el acceso a trabajo digno es tan importante.
Uno de los problemas que se tiene gracias a la cultura del narcotráfico, con tan profundas raíces en nuestra sociedad, es que hay un montón de gente trabajando directa o indirectamente en alguno de los procesos que conlleva el narcotráfico: producción, distribución, grupos armados que vigilan y/o comercializan, microtrafico, etc.
Y precisamente, en muchos casos, la falta de oportunidades laborales, sumada al hambre que golpea a los hogares, deja como única salida la vinculación al narcotráfico o grupos armados.


Estas inquietudes, como a tantos otros, han rondado mi cabeza durante mucho tiempo.
Y es que, inmersos en países profundamente heridos por estas realidades, resulta inevitable reconocer el privilegio que muchos tenemos al poder dedicarnos por completo al estudio, sin la preocupación de si habrá algo para comer en la noche o el temor constante de ser reclutados por grupos armados.

He tenido la fortuna de encontrar en la ciencia una vocación y, además, de sentir un profundo interés por la tecnología.
Es precisamente este interés, junto con las inquietudes que ya he mencionado, lo que me ha llevado a reflexionar sobre cómo la innovación y, en general, el emprendimiento tecnológico pueden convertirse en una fuente de generación de riqueza para regiones enteras.


Ahora bien, la riqueza de una región no garantiza necesariamente una mejora en la calidad de vida de la mayoria sus habitantes, pues, como ya he señalado, vivimos en países profundamente desiguales.
Sin embargo, creo que la innovación y el emprendimiento tecnológico ofrecen una alternativa valiosa no solo para dinamizar la economía, sino también para impulsar procesos sociales que contribuyan a mitigar otras problemáticas estructurales.
Promover la creación de empleo cualificado, fortalecer el talento local y evitar la fuga de cerebros son, sin duda, pasos esenciales para construir un desarrollo más equitativo y sostenible en nuestra región.


En últimas, creo que apostar por la ciencia y la tecnología desde una perspectiva humana puede ser una forma de resistencia y de reconstrucción:
una manera de imaginar un futuro más justo para nuestra región.

Siguiendo este enfoque, se hace evidente que muchas de nuestras instituciones de educación superior aún no preparan a los estudiantes con las herramientas necesarias para asumir un papel activo en el contexto tecnológico actual.


En este contexto, surge una preocupación central que es transversal, tanto en la educación, como la investigación y la transferencia de ciencia y tecnologia al sector productivo :
¿Cómo impulsar la innovación y el emprendimiento tecnológico en nuestra región?

Este es un reto estructural, ya que en principio se depende del gobierno para financiar la ciencia, tecnología e innovación. Si miramos el caso colombiano en particular, Colombia esta rezagada en inversión en I+D (investigación y desarollo) y ACTI (Actividades de Ciencia, Tecnología e Innovación). En el año 2023, Colombia invierte en I+D el 0.31% del PIB. y en ACTI el 1.3% del PIB. En perspectiva, Argentina invierte en I+D el 0.6% de su PIB, Brasil el 1.15%, Uruguay con el 0.71% y el promedio regional cerca del 0.67%. Estas cifras son por lo menos inquietantes, y demuestran que aún falta trabajo por parte de las instituciones, para llegar al menos al promedio regional.

Bajo esta idea, y dando por hecho que el trabajo por parte de las instituciones (refiriendome al gobierno y a la universidad pública en particular) no es suficiente, es necesario que haya iniciativas privadas e individuales que se articulen, piensen, desarrollen e inviertan en emprendimiento local.


Existen en Colombia iniciativas inspiradoras que buscan responder a esta pregunta.
Freddy Vega, con Platzi, ha impulsado una plataforma que complementa la educación tradicional y democratiza el acceso al aprendizaje tecnológico.
Los hermanos Bilbao trabajan en la creación de infraestructura para potenciar el talento local y fomentar la innovación: ([Makers](https://makers.ngo/), [Join Builders](https://join-builders.com/), [NextGen Build](https://nextgen.build/) y [30x](https://30x.org/)).
Y una de las propuestas que más me ha llamado la atención es la de Camilo Gómez, con Gurwi, un emprendimiento que promueve “una nueva forma de aprender”: [Gurwi](https://gurwi.com/)

El ejemplo más contundente de esta visión es el de David Vélez, fundador de Nubank, quien junto a Mariel Reyes impulsa ([VélezReyes+](https://velezreyesmas.com/)). Después de construir una de las empresas tecnológicas más influyentes del continente, decidió dirigir parte de ese éxito hacia la transformación social. Desde una mirada profundamente humana, han entendido que la verdadera transformación tecnológica solo es posible si se democratiza el acceso a las oportunidades. Su apuesta por financiar educación en tecnología, acompañamiento integral y programas de inserción laboral busca algo más que formar programadores: pretende construir trayectorias de vida alternativas frente a contextos marcados por la pobreza, la violencia y la exclusión. En una región donde el talento suele verse obligado a migrar o resignarse, iniciativas como esta muestran cómo el emprendimiento tecnológico, unido a un compromiso social explícito, puede convertirse en una vía real para reducir desigualdades y promover un desarrollo más justo.

Estos ejemplos demuestran que el cambio es posible a partir de esfuerzos privados y que, desde distintos frentes, es posible construir una región más competitiva, equitativa y conectada con los desafíos tecnológicos del presente, sin necesariamente tener en cuenta a las instituciones tradicionales.


Referencias